El Sombrerón


En Chiapas, el sombrerón es un personaje mítico. Varias localidades chiapanecas tienen sus propios relatos del sombrerón y todos coinciden en que es un hombre misterioso que se le aparece repentinamente a la gente y porta un enorme sombrero. Una versión guatemalteca relata que es un duende montado a caballo vestido de charro y usando un enorme sombrero. Según viejos relatos de Tuxtla Gutiérrez, solía aparecerse en una arboleda, ya desaparecida, llamada "El Aguacate", ubicada detrás del actual Hospital Regional "Dr. Rafael Pascasio Gamboa". De todos los relatos tuxtlecos, el más conocido es el siguiente: Una joven y bella mujer apodada Moni iba a su huerta, por un camino solitario lejos de su hogar, para recolectar nanches y malucos. Repentinamente, se le apareció un misterioso hombre galante, con indumentaria negra de charro, sus chaparreras con botonaduras de plata, calzaba lustrosos botines y espuelas de plata. El hombre piropeó a Moni hablándole por su nombre, ella se asustó porque no le conocía con anticipación. Él la quiso raptar a su hogar, la cueva de Cerro Hueco, donde guardaba un tesoro que él le ofreció a cambio de irse allá. Al escuchar sobre la cueva y el tesoro, ella supo que era el sombrerón por relatos anteriormente escuchados. Moni se santiguó, rezó, y ese hombre desapareció. Ella regresó a su hogar, sin embargo, planeó retornar a su huerta tentada por los ofrecimientos. Una semana después así lo hizo y de nuevo se le apareció este hombre, pero vestido con una elegante indumentaria zoque de gamuza con adornos negros, chaparreras con botonaduras de plata, puesto un grueso collar de centenarios y luciendo varios dientes de oro. Se acercó rápidamente a Moni y le cogió la mano, repentinamente aparecieron varias alhajas de oro que ella lucía. Moni sorprendida pregunto sobre sus otros ofrecimientos y el hombre hizo aparecer de la nada sobre el suelo: Dinero, más alhajas y ropa fina; además le prometió la eterna juventud, al bañarse en el arroyo de su cueva, esto último la persuadió de aceptar los ofrecimientos. El sombrerón se teletransportó inmediatamente junto con ella al arroyo dentro de su cueva. Moni se entregó a él, pero de repente lo olió a azufre y trató de huir sin soltar lo recibido, porque comprendió que era una manifestación del diablo. Ella rezó y el sombrerón desapareció otra vez. Moni regresó a su casa con el tesoro. Después, relató a sus vecinos su anécdota sin hablarles sobre el tesoro y fingiendo ignorancia sobre el sombrerón. Con el paso del tiempo, los vecinos se percataron que Moni vestía con más elegancia y era muy espléndida, especialmente en las fiestas que organizaba. Debido a eso, la gente rumoró que le vendió su alma al diablo, la cual penaría al morir sino repartía sus riquezas con los pobres. Atemorizada por el rumor, Moni se confesó con un cura, quien le impuso las penitencias de rezar 100 rosarios diarios, repartir toda sus riquezas a los pobres y abaratar la carne de puerco que vendía en el mercado. Moni cumplió parcialmente las tres penitencias y su alma penó después de muerta, oyéndose sus lamentos junto a la iglesia de su barrio. Antes de morir le vendió su casa a un familiar suyo, quien allí encontró el resto del tesoro enterrado... ...esta leyenda originó dos expresiones tuxtlecas obsoletas, que sirvieron para referirse a las personas que no son o no demuestran ser adineradas, pero que repentinamente dan muestras de poseer una pequeña fortuna:
-Seguro tiene tratos con el diablo.
-Como no va tener dinero si en la casa que compró encontró buen entierro, hallando mucha plata y oro en monedas y alhajas. (Si la persona además tiene una casa nueva).

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